El hombre del saco, viejo del saco, viejo del costal o viejo de la bolsa es un personaje del folclore infantil hispánico. Se le suele representar como un hombre que vaga por las calles cuando ya ha anochecido en busca de niños extraviados para llevárselos metidos en un gran saco a un lugar desconocido. Este personaje es caracterizado como un asustador de niños, y se utiliza como argumento para asustar a los niños y obligarlos a que regresen a casa a una hora temprana. Es similar al coco y al sacamantecas.
El fantasma del espejo es una historia sobre un espíritu que aparece al ser pronunciado su nombre tres veces frente a un espejo. En España se conoce como Verónica y en el mundo anglosajón, Bloody Mary. Suele formar parte de juegos infantiles.El juego se presenta en diversas configuraciones, implicando el uso de objetos cotidianos, sobre todo un espejo y a veces un libro (a menudo, la Biblia) o unas tijeras (en memoria de las que causaron la muerte a Verónica (Pedrosa 2004: 88-89, 92). Verónica mata a quien la ha invocado, normalmente con un arma blanca que se encuentre en las cercanías (cuchillos de cocina, navajas, tijeras...), que sale disparada y se clava en el corazón o el cuello de la víctima (Pedrosa 2004: 89-90 y 92). El tema central del rito suelen ser consultas relacionadas con el primer amor o la muerte (Pedrosa 2004: 88-90, 94).La versión más común de la leyenda explica que se trata de una muchacha muerta durante la pubertad (a menudo, durante una sesión de ouija) y cuyo espíritu ha quedado atrapado entre el mundo de los vivos y el de los muertos. Sin embargo, algunas versiones la consideran hija de Satanás (Pedrosa y Moratalla 2002: 175 y 179; Pedrosa 2004: 91 y 94).El personaje cambia con frecuencia de nombre (encontramos variantes como Carolina -Pedrosa 2004: 94- y Micaela -Pedrosa 2004: 95-) o se multiplica, normalmente bajo la forma de dos hermanas o amigas (así, en Pedrosa y Moratalla 2002: 184).En EE.UU. hay una leyenda análoga protagonizada por Bloody Mary ("María la Sangrienta") o Mary Worth, que ha servido de inspiración al relato de Clive Barker ¨Lo Prohibido¨, llevado al cine con el título Candyman.No resulta fácil establecer el origen de la figura, ligada a la creencia, común en muchos lugares, de que las almas de los muertos se manifiestan en ocasiones en los espejos. Algunos han querido vincularla con santa Verónica (Pedrosa y Moratalla 2002: 98).
El mito de los vampiros tiene miles de años de antigüedad, y se lo puede detectar en casi cualquier civilización humana, desde las lamias de la cultura greco-latina hasta los monstruos de ojos rojos y pelo verde propios de la demonología china, pasando por los zorros vampiro de Japón.
Pese a que habitualmente se ubica el origen de los vampiros en Europa oriental, hay varias fuentes históricas que señalan la aparición de este tipo de criaturas, en el siglo XI de nuestra era en las Islas Británicas. Los cronistas ingleses acuñaron el término cadaver sanguisugus para referirse a estos vampiros, que significa «cadáveres bebedores de sangre».
Con la revolución científico-técnica que se da en Occidente, y la adopción de sus paradigmas, el mito va trasladándose hacia el este de Europa, una tierra mucho menos evolucionada y propensa a la proliferación de leyendas. Así, generalmente se ubica a los vampiros como nativos de la zona de los montes Cárpatos y de la meseta de Transilvania, y pueden rastrearse las otras fuentes en regiones de Austria y Hungría.
Por esta razón, la clasificación de los vampiros se ha desarrollado mucho más en el este de Europa y es justamente de esta tradición de donde han abrevado nuestras modernas representaciones cinematográficas de estas criaturas.
Los pueblos eslavos se han distribuido en lo que hoy en día se conoce como Europa del este, desde Rusia hasta Bulgaria, Serbia y Polonia, y pese a que su evangelización comenzó en épocas muy tempranas, el cisma entre la Iglesia Ortodoxa y la Iglesia Católica devino en que este pueblo se dividiera. Así, mientras los rusos, los serbios y los búlgaros permanecieron dentro de la Iglesia Ortodoxa; los polacos, checos y croatas decidieron alinearse con la Iglesia Católica de Roma. Esta división trajo aparejada una diferenciación en las creencias referidas a lo sobrenatural ya que, mientras que para los católicos los cadáveres incorruptos después de la muerte se consideran santos; para los ortodoxos son sencillamente vampiros.
Los cristianos creen que los ángeles de la guarda protegen cualquier persona o vivienda a pedido del propio Dios, sin embargo, la creencia de que Dios envía un espíritu para observar a cada individuo era común en la filosofía griega clásica; Platón se refiere a ella en el Fedón, 108. De manera similar, esta mención aparece en el Antiguo Testamento, aunque no se delinea con especificidad.
En el Libro de Daniel, los ángeles parecen ser asignados a ciertos países. Enoc 100:5 -parte de cuya escritura está inspirada en los documentos de la Iglesia Etíope Ortodoxa de Tewahedo- manifiesta que los hombres justos gozan de ángeles protectores. En Hechos 12:15 aparece otra alusión a tal creencia, mientras que en Mateo 18:10, Jesús explica que existen ángeles de la guarda que cuidan a los niños: Nunca los desdeñen; les digo que tienen sus ángeles de la guarda en el cielo, que miran continuamente al rostro divino de mi padre. (Nueva Biblia Inglesa.)
No hay una sola persona que no haya escuchado hablar sobre los duendes. De esas pequeñas criaturas con las que las madres amedrentan a los niños: "Te van a llevar los duendes".Cuando era pequeño me daba miedo de encontrarme con ellos. Los duendes son unos pequeños hombres en miniatura que miden como medio metro de altura, usan boina grande y visten lujosamente, con trajes de colores. La mayor parte del tiempo andan juntos. Andan por los potreros, cafetales y caminos solitarios, no les importa si es noche o de día con tal de andar vagabundos.Al visitar una casa se hacen invisibles, molestan demasiado, echando cochinadas en las comidas, tiran lo que se encuentre en sus manos. Pero lo que más persiguen es a los niños de corta edad, los engañan con confites y juguetes bonitos; así se los llevan de sus casas para perderlos. Si el niño no quiere irse, se lo llevan a la fuerza; aunque llore o grite. Una vez un señor, quién me merece todo respeto, contó que una noche, cuando él iba a caballo con otro amigo vio saltar un chiquito a la orilla del camino. Al ver esa figurilla en ese camino tan solitario y en horas tan inoportunas ambos se extrañaron; bajaron el ritmo de los caballos para preguntarle hacia donde se dirigía. Voy a hacer un mandadillo dijo el pequeñín. Pero a pesar de que apresuraban el paso, el pequeñín los seguía a cierta distancia, con una habilidad increible. Aquel espectáculo los puso como piel de gallina, y no querían mirar hacia atrás; y cuando quisieron mirar, había desaparecido.Algo muy parecido a esta historia anterior le sucedió al hijo de un amigo. Sus padres lo buscaron por todos lados, se había perdido hacía dos días, quién estaba en un potrero lejano del pueblo.Cuando se le pregunto como había llegado allí, dijo que unos hombrecitos muy pequeños se lo habían llevado dándole confites y juguetes; pero cuando estaban lejos del pueblo, pellizcaban y molestaban y mientras lloraba, aquella jerga de chiquillos reían y bailaban.Este suceso se comentó mucho en aquel pueblo y es digno de estudiarse por lo misterioso del caso.Dicen las gentes que para ahuyentar los duendes de una casa, aconsejan poner un baile bien encandilado con música bien sonada
La cuestión de la naturaleza esencial de las hadas ha sido tema de mitos, historias, y textos de estudios por mucho tiempo. Consideradas como seres que una persona podía llegar a encontrarse en su vida, las hadas fueron célebres por sus travesuras y malicias. Algunas de las travesuras adjudicadas a ellas, como enredar el pelo de las personas que duermen en un "nudo de duende" ("elf lock"), robar pequeños objetos o guiar a los viajeros por el camino equivocado, son por lo general inofensivas. Pero fueron culpables de comportamientos más dañinos también. Cualquier forma de muerte súbita podía ser causada por el secuestro de un hada, que dejaba en lugar del cuerpo secuestrado una estatua de madera con la apariencia de esa persona
